La poesía sale de la pecera al mundo
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29/01/2005 Suplemento Especial. Interior: Mar del Plata.
Revista Ñ. Clarín
Osvaldo Picardo dirige "La Pecera", una exquisita revista de poesía que se distribuye en varias provincias y en el exterior. Dice que no existe una cultura marplatense, sino pequeños círculos culturales.
   
 
SANTIAGO FIORITTI
No fish is too weird for her aquarium. Cuando leyó la frase de D.H. Lawrence, Osvaldo Picardo supo, como si fuese una epifanía, que el nombre de la revista no escaparía a esa oración. Poeta, profesor universitario y desde hace más de tres años director de La Pecera -una de las revistas de poesía más prolíficas del país, Picardo resignó algunas palabras de aquella frase, aunque el sentido de "ningún pez es demasiado raro para tu pecera" sigue siendo, acaso, la esencia de sus páginas. La Pecera señala la diversidad cultural y los itinerarios de cruce entre las distintas artes: la poesía, la plástica, la música, la arquitectura y el cine.
La Pecera es una revista que ha sufrido muchos intentos ante-riores, ensayos con diversos nombres que han ido desapareciendo délos estantes, pero que han dejado su experiencia. Por eso no es la primera, sino la que sigue", explica el escritor, egresado de la Facultad de Letras de La Plata, profesor de Literatura y director del Colegio Illia de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
En los primeros ocho números, la revista de Picardo -en rigor, con diseño y contenido de un libro dedica un gran espacio a la publicación de poemas inéditos, aunque no faltan ensayos, críticas y traducciones de textos escritos originariamente en alemán, inglés y francés. Se distribuye en varias provincias argentinas y llega a algunos puntos fuertes del exterior, como Madrid, Nueva York y París, donde cuenta con colaboradores. Los mil ejemplares que se publican por edición alcanzan para financiar el proyecto: son más de 200 páginas que se venden a 15 pesos en el país y a 10 dólares en el exterior. Sus integrantes no aceptan publicidad de ningún tipo. "No queremos ataduras", dice Picardo.

•¿De dónde viene su inclinadón por la poesía?
-No lo sé, era muy chico. Yo no sabía escribir y le dictaba poemas a mi viejo. Como dice Gelman, uno comienza a escribir por la seducción de la palabra ante los demás. Yo sentía que les gustaba a los demás, que atraía a las mujeres. Después viene lo más difícil, que es encontrar tu propia voz.
•¿Cuánto le llevó a usted encontrarla?
-Mi proyecto de escritura lo siento a partir de mi cuarto libro. Dejar sin ventanas la verdad. Hasta ahí, parafraseando a Fernando Pessoa, puedo asumir que era un fingidor. Cuando el poeta es joven quiere ser como los poetas malditos, como Arthur Rimbaud, como el Conde Lautréamont, como Charles Baudelaire. Después uno tiene la obligación de romper con las concesiones y encontrar su propio camino.

Picardo es autor de siete obras, entre las que se destaca el Primer mapa de poesía argentina, un libro que reúne poemas, reseñas, críticas y ensayo que surgieron luego de dos encuentros nacionales de poetas realizados en 1998 y 1999 en Mar del Plata y Tucumán. Es un mapa realizado con idea federal", dice este marplatense nacido hace 49 años, admirador de la poesía de Joaquín Giannuzzi, Héctor Freire y Jorge Boccanera.

-¿La poesía es una forma de la resistencia?
-En un mundo donde se caen todas las banderas, donde se caen los grandes valores, la poesía sigue en pie como una expresión profundamente humana. La poesía persigue una verdad que es inasible. Es como correr detrás de una mujer que nunca se pueda agarrar. A mí la poesía me salvó de la estupidez, de la trivialidad, de encaminarme hacia valores que parecen únicos, como el dinero.
-Mucho se ha hablado sobre la cultura marplatense. ¿Qué puede agregar usted?
-En primer lugar quiero decirle que el adjetivo marplatense es una cuestión anecdótica. No es una definición. No existe una cultura marplatense, como no existe una juninense o una bahiense. Lo que ocurre es que en Mar del Plata no hay un público formado. Están los universitarios y por otro lado los del ambiente del espectáculo. Son pequeños círculos. Mar del Plata se quedó a mitad de camino entre lo que quiso ser ese gran proyecto con Paul Groussac a la cabeza, con el mito de Victoria Ocampo y Alfonsina Storni y Buenos Aires, que es la cabeza de Goliat. Yo creo que no llegó ni a uno ni a otro destino.
-¿Cómo definiría, entonces, a esta dudad?
-Se transformó en una ciudad balnearia. En la ciudad visible están los turistas y en la invisible los barrios, lo cotidiano, el invierno. Todo porque se cae en la queja fácil. Los falsos hombres de la cultura se preguntan qué nos pasa a los marplatenses y yo me pregunto cuál es el ser marplatense. Es una pregunta ridicula. Yo preguntaría qué le pasa al Ser humano. Aquí faltó una visión cultural a largo plazo. Y lo estamos padeciendo.
ASI ESCRIBE

de El LIBRO DE MAR DEL PLATA (inédito)

III
No hay ciudad eterna,
lo sabemos.

Europa tiene plata
para cada piedra de la historia.
Y conserva un simulacro pasajero.

Las barcas amarillas amarradas
en la dársena, apretadas una junto a otra,
sobre todo en la niebla, me hablan
de la inútil tenacidad de las formas.

Nunca se debieron creer
volviendo del mar,
que existirían para siempre.

Por más que intenten sobrevivir
las ciudades mueren
con el que se pierde en sus calles.

No son ellas sino un mapa
de vísceras dadas vueltas.

Debió existir
una ciudad de Fidias y otra
de Rembrandt. Otra imaginada
por Le Corbusier y alguna
por Amancio Williams.

No son una postal
con las ramblas de madera,
las casas bajas de piedra.

Y los espigones que la sudestada
de la noche al día,
desarticula vértebra a vértebra...

Apenas son rastros
y no es poco:
antes toda distancia era invisible.

IV
Hay un cuadro de Hopper
que me recuerda caprichosamente
la ciudad en que nací.
Ventanas en la noche.
En primer plano,
por efecto de la luz y la sombra,
casi no vemos el fondo.
Una cadera de mujer y un codo
indican un brusco movimiento
que una de las ventanas recorta.

Es una historia que no necesita
principio ni fin.

La ciudad insiste en aparecer
en la tela del pintor.

También, para mí,
he creado mi propia tela.
No existió antes ni después.

El inmigrante y el desterrado
me entienden.

El turista
nunca ha llegado a estas playas.